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El año que decidí correr el Spain Classic Raid (parte 6 – Crónica)

Tras un tiempo para asentar las sensaciones vividas, llega el momento de contar con detalle cómo fue nuestra primera participación en el Spain Classic Raid. Bueno, en realidad nuestra primera participación en una prueba con vehículos a motor. Ahí va, pero ya te adelanto que nos gustó tanto que ya estamos inscritos para la edición que se celebra en el mes de marzo. Si quieres saber más del previo y de la preparación del coche, no te pierdas los links que hay al final de la noticia.

Amaneciendo en el puerto de Barcelona para dar comienzo a nuestra aventura
Amaneciendo en el puerto de Barcelona para dar comienzo a nuestra aventura

Las cartas estaban echadas, no había tiempo para profundizar más en la preparación ni de probar más nada. Íbamos un poco a ciegas porque éramos totalmente novatos, no sabíamos qué nos íbamos a encontrar, a qué esfuerzos someteríamos a nuestro querido Renault 4 y tampoco habíamos podido probar prácticamente nada.

El coche se había preparado con cariño y todo el saber hacer disponible, pero en la mini-prueba que hicimos en Peguerinos ya nos encontramos con algún problemilla y lo lógico era pensar que el raid sería mucho más duro. Yo confiaba en el coche y en el trabajo realizado, mi miedo eran las posibles averías provocadas por nosotros mismos (golpes, esfuerzos, pinchazos, etc.).

Sin embargo mi padre y copiloto, la noche antes de salir, me dijo una frase mientras volvíamos del taller con el coche que me dejó muy descolocado: “Si conseguimos que nos lleve hasta Barcelona sin problemas ya me doy por satisfecho”. ¿¿¿¡¡Hasta Barcelona!!!!??? ¡Pero si allí es donde comienza la verdadera aventura!

El siguiente comentario fue mío: “Papá el coche no corre. Le pesa mucho el culo, nos hemos pasado con la herramienta y los recambios, así no podemos irnos mañana”. Serían cerca de las diez de la noche y salíamos al día siguiente a primera hora. Y fue entonces, el viernes por la mañana, cuando nos dedicamos a trasvasar aceite, agua, herramientas y recambio para aligerar la carga. Creo que conseguimos rebajar casi lo que pesaban el maletón y la mochila con ropa y aseo personal que se llevó mi querido señor padre, que no es amigo de los botes de viaje y prefiere optar por los de tamaño familiar.

Rumbo a Barcelona

Salimos de Madrid, nos unimos a un compañero que iba a correr con su hija de copiloto a bordo de un SEAT Marbella de los últimos y, a cien-ciento diez por hora de marcador, cubrimos la distancia que nos separaba de Barcelona. Llámalo deformación profesional o como quieras, pero no podía pasar sin calcular el consumo medio durante el viaje.

En la salida del segundo Spain Classic Raid
En la salida del segundo Spain Classic Raid

El R4 gastó 5,2 litros de media, una cifra que me pareció espectacular comparándola con lo que gastaba mi antiguo R6 y que demostraba que el motor del R4, a pesar de contar con más de 190.000 km, estaba bastante bien. Ah! y eso que no iba bien de punto, que en uno de los últimos retoques se quedó un poco atrasado y rateaba, no iba fino y le faltaba ‘alegría’.

Nada más llegar al hotel revisamos los niveles y mi padre respiró tranquilo, para él era un paso importante porque el coche no había consumido aceite y la temperatura había ido perfecta durante todo el viaje. Empezaba a confiar en el coche y, con la motivación de saber que contábamos con una gran máquina de competición, avanzó un poco el punto mientras que yo bajaba presiones a los neumáticos para salir a tierra al día siguiente.

Por cierto, con los Sava M+S que montamos sólo apreciamos un poco más de ruido de rodadura que con los de asfalto. Elegimos una medida con más perfil para mejorar la absorción al rodar fuera de asfalto, pero al bajar presiones apreciamos poco cambio en el diámetro de la rueda, algo que no sucede con las de tacos porque llevan carcasas más duras y amortiguan mucho menos.

Etapa 1: Barcelona-Lérida, la primera en la frente

Sábado 15 de octubre de 2016, estamos en el puerto de Barcelona, ya nos han dado el briefing y nuestra hora de salida. Los nervios están a flor de piel porque, lo que no sabe nadie, es que de camino a Barcelona íbamos haciendo pruebas con los sistemas de medición y calibrando para aprender a usarlos porque estábamos bastante perdidos.

Esperando para salir a un tramo cronometrado
Esperando para salir a un tramo cronometrado

Inicialmente íbamos con la esperanza sólo de terminar el raid (ser finishers) y luego nos vinimos arriba y empezamos a soñar con acabar entre los 60 primeros. Salimos con muchos nervios y realizamos un tramo de enlace con una trampa donde los novatos caímos como chinches. Llegamos a nuestro primer tramo cronometrado y la tensión se adueñó del habitáculo del Renault 4, pero era muy facilito y salimos ilesos.

Entramos en el segundo tramo de enlace y allí fue donde empezó la fiesta. El enlace era muy largo y, en principio, el tiempo para cubrirlo era suficiente. No queríamos apurar así que empezamos a rodar por caminos a un ritmo que nos iba a permitir llegar con algo de margen siempre y cuando hubiese un buen tramo de asfalto que nos permitiese cubrir kilómetros deprisa. El caso es que, si no había un tramo de carretera en el que ganar tiempo, íbamos justitos… y ese tramo resulta no existía en la ruta.

Rodábamos a buen ritmo y empezamos a coger a otros coches. Adelantamos a alguno y llegamos a formar una caravana de cinco o seis vehículos. Yo quería ir algo más rápido porque veía que no llegábamos, pero como buenos novatos, nos dio apuro adelantar en el enlace y hasta confiamos en que ellos sabrían mejor que nosotros que más adelante encontraríamos un tramo de carretera donde recuperar los 10 minutos que llevábamos de retraso.

Contentos y agotados por la tensión tras terminar la primera etapa
Contentos y agotados por la tensión tras terminar la primera etapa

Ese tramo de carretera nunca llegó y nos encontramos en el tramo cronometrado con un retraso de doce minutos y medio. ¡Tocaba correr! Tardamos nueve kilómetros en recuperarlos y ya te puedes imaginar la enorme penalización que nos cayó. Eso sí, nos lo pasamos bien y dio tiempo hasta de picarnos un poco con un Peugeot 204 precioso.

Al final del tercer y último tramo cronometrado del día nos equivocamos en alguno de los muchos cruces idénticos que había entre huertas y también penalizamos de lo lindo. Finalizamos la etapa en Lérida y allí nos enteramos de que sólo cinco equipos habían llegado en hora al segundo tramo cronometrado, cinco equipos que ya habían participado en la edición anterior y, aunque el recorrido era diferente, ya sabían cómo iba esto. La experiencia es un grado.

La sorpresa llegó cuando vimos los resultados de la etapa, habíamos acabado en la posición 24, mucho mejor de lo que pensábamos debido a las dos meteduras de pata. Nos quedamos que no nos lo creíamos. La aplicación Rabbit funcionaba y nosotros habíamos sido capaces de hacerlo medio bien. Subidón de motivación y adrenalina.

Etapa 2: Lérida-Zaragoza, la mejor etapa

A la mañana siguiente y con unas expectativas más altas arrancábamos el R4 para dirigirnos al punto de reunión. Desde allí hacíamos un enlace para llegar al primero de tres tramos cronometrados. Ahí fue cuando dije “Papá, hoy tenemos que hacerlo bien y no liarla en los enlaces, a ver de qué somos capaces”.

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El recorrido fue precioso y el día transcurrió sin percances, de hecho en el último enlace nuestros amigos del 204 se pegaron al culo del R4 para achucharnos y que nos echásemos una carrerita, algo para lo que mi padre (que era el que estaba al volante en ese momento) se encontró bien dispuesto y disfrutamos de un final de etapa muy divertido y con algo más que contar a la hora de la cena.

En el parque cerrado de Zaragoza nos dieron la enhorabuena antes del briefing y después de que mi padre estuviese jugando a los mecánicos haciendo que arrancase el 204, que tenía los platinos gastadísimos, y de apretar la maltrecha dirección de una Renault 4 F6 que se había soltado por una chapuza que acabaría arrastrando hasta Sevilla. “¿Enhorabuena por qué?” dijimos, “porque habéis quedado terceros”.

¡Terceros! ¡Terceros entre más de cien coches y sin experiencia previa! Lo celebramos con una cena a base de congelados en el restaurante del hotel viendo por la tele y las ventanas los fuegos artificiales de las fiestas de El Pilar. No fue una gran cena pero hasta nos supo rica de la emoción. Eso sí, el cansancio empezaba a dejarse notar y caíamos en la cama como sacos. Menos mal que el coche aguantaba y no había que reparar nada.

Ayudando a los compañeros del Peugeot 204 en Zaragoza
Ayudando a los compañeros del Peugeot 204 en Zaragoza

Etapa 3: Zaragoza-Guadalajara, error de novatos

Para mí quizá la etapa más bonita de todo el raid, aunque también la más dura para los vehículos y para los participantes. Era la más larga en kilómetros, teníamos que utilizar la brújula en algún punto (una novedad) y teníamos una especial en el circuito de Alcolea del Pinar. Además partíamos con una mentalidad diferente, habíamos sido terceros el día anterior y habíamos subido como la espuma en la clasificación general… podíamos soñar con estar incluso entre los 30 primeros al final del raid.

Después de madrugar empezamos con un enlace hasta La Muela, donde arrancaba el primer tramo cronometrado. El trazado era por unos altiplanos con mucha grava y muy buena visibilidad. La media era de las más rápidas, de 45 km/h, así que había que estarse muy al loro con la salida y las posibles pérdidas de tiempo porque luego costaría mucho recuperar y más con el motorcito de nuestro R4 y sus 38 CV de potencia.

Llegamos con tiempo a la salida del cronometrado, así que paramos el motor como tantas veces habíamos hecho ya desde el comienzo del raid y charlamos con unos y con otros. Se acercaba nuestro tiempo de salida y colocamos el coche bajo el arco hinchable con la mente en coger lo antes posible esa alta media de 45 km/h. 5… 4… 3… 2… 1… ¡Gas! Primera a fondo, segunda a fondo, tercera… miro el indicador y ¡¡HORROR!! ¡No estaba marcando nada!

Chapoteando en los charcos como los niños pequeños
Chapoteando en los charcos como los niños pequeños

Al arrancar el motor la sincronización Bluetooth de la sonda con la tablet se fue al carajo y, como novatos que éramos, no comprobamos el correcto funcionamiento del sistema al colocar el coche en la salida. Es más, tampoco pusimos a cero los cuentakilómetros de bici ni una sola vez desde que salimos de Barcelona. Demasiadas cosas a tener en cuenta así de sopetón.

El caso es que yo intenté buscar a ojo la media mientras que restaurábamos el sistema de medición y puse a cero mi biciclómetro para guiarme un poco, pero vi por el retrovisor al siguiente participante acercándose y deprisa, así que íbamos con mucho retraso. Tocaba correr un poco, pero no sabíamos cuánto.

Encadenamos una serie de curvas cerradas con muchísima grava balanceando el coche para entrar en las curvas con él ya colocado y empecé a alucinar con el agarre de los neumáticos a pesar de no ser de tacos.

Conseguimos hacer funcionar el sistema de medición y al pasar por la siguiente referencia me paré en seco porque me había divertido demasiado e íbamos un poquito pasados de velocidad. 181 puntos de penalización que nos cascaron y que nos arruinarían la clasificación del día, porque  en el resto de cronometrados marcamos sólo catorce, diez y cero, pero eran sencillos y un error así nos llevó a terminar el día en el puesto 21.

Entre tramo y tramo hubo hueco para hacer alguna foto rápida
Entre tramo y tramo hubo hueco para hacer alguna foto rápida

Pero nos sirvió para aprender, para comprobar cómo iba el coche sobre grava y tierra seca y para echarnos unas risas reviviendo esos kilómetros. El resto de la etapa se nos dio muy bien, disfrutamos con unos paisajes espectaculares en una enorme subida cerca de Calatayud muy exigente para los coches de dos ruedas motrices. Al R4 se le soltó una punta de la barra estabilizadora delantera pero seguimos ruta.

En la bajada tuvimos nuestro momento divertido junto con la pareja que a la postre ganaría esta edición del Spain Classic Raid y su Renault F4, después por los caminos de servicio de las vías del AVE jugamos con un Land Cruiser hasta que la estabilizadora dijo “hasta aquí, no te pases que te provoco una avería de verdad”, momento en el que relajamos el ritmo. Muchos kilómetros después, llegamos al circuito de Alcolea del Pinar, donde la volvimos a liar.

Teníamos que dar una vuelta a nuestro ritmo pero con una media no inferior a 30 km/h y en la segunda pasada debíamos calcar el tiempo. El punto de control era en la meta y había salida lanzada. No había usado el cronómetro del móvil en mi vida y ni sabía que tenía medición de vueltas, así que la idea era tomar tiempos con el móvil de mi padre en la primera vuelta y en la segunda con el mío.

Cuando estamos a punto de pasar por punto de control para iniciar la primera vuelta a mi padre se le apaga el móvil, así que tomamos tiempo con el mío (nervios y voces en tono elevado) mientras él intentaba volver a poner en marcha el suyo. Los nervios no son buenos amigos, así que el hombre no atinaba, yo empecé a hablar demasiado alto y al final hasta lancé el dedo a la pantalla de su móvil. Lo hice saliendo de una curva de izquierdas, pero cuando volví a mirar hacia delante ya estaba encima de la siguiente, una de derechas de 180 grados, contraperaltada, cuesta abajo y con taludes en los bordes.

Bonita subida llena del característico barro arcilloso de Guadalajara
Bonita subida llena del característico barro arcilloso de Guadalajara

A la velocidad que iba no entraba ni soñando, si frenaba nos íbamos rectos y nos comíamos el talud del exterior de la curva, así que balanceo el coche, le ayudo con el freno de mano y a rezar. Pasamos peligrosamente por encima de una zanja que había hecho el agua y noté un golpe (leve) en la esquina trasera izquierda del coche, pero nada más.

El R4 barrió la horquilla y las malas lenguas dicen que levantó rueda, pero sin estabilizadora seguro que inclinó una barbaridad aunque no creo que llegase a tanto. Terminamos la vuelta, hicimos la siguiente y clavamos el tiempo. Me bajé corriendo del coche a ver los daños y afortunadamente no había nada de nada, no golpeamos contra el talud, fue la rueda trasera la que tocó con un pequeño escalón que había unos centímetros más hacia el interior de la curva y que nos libró de abollar la aleta trasera.

Comimos y disfrutamos del precioso paisaje que nos ofreció el último enlace del día hasta el final de etapa en Guadalajara, donde nos tuvimos que tirar al suelo para colocar en su sitio la estabilizadora.

Etapa 4: Guadalajara-Madrid, el gran enfado

Con energías renovadas y muy animados afrontábamos la etapa que acababa en Madrid, íbamos a ver a la familia y hasta dormiríamos (poco) en casa. Además era una etapa corta y no se madrugaba mucho, así que llegaríamos con fuerzas para pasar por el taller y reparar bien lo de la barra estabilizadora, que nada más iniciar el primer enlace se volvió a soltar.

Para nosotros fue la peor etapa con diferencia, aunque no en la que conseguimos el peor puesto. Desde el principio del día empezamos a apreciar que a veces llegábamos a los cruces y nos faltaban metros por recorrer, lo que significaba que no estábamos manteniendo la media que debíamos. Eran errores pequeños, pero los tramos eran muy sencillos y cada punto de penalización se pagaba caro. Además veníamos de haberla liado el día anterior, así que queríamos remontar y entrar de nuevo entre los diez primeros de la general.

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Estos problemas generaron nerviosismo en el habitáculo del R4, más que nada porque no sabíamos qué hacíamos mal. En un punto de referencia llegábamos bien, al siguiente antes de lo esperado… Total, que yo empecé a meterme en lo que no me llamaban y a explicarle a mi padre qué tenía que hacer y qué estaba haciendo mal. Esto llevó a que, en un momento dado, dentro de un tramo cronometrado mi padre se liase con la navegación. No sabíamos dónde estábamos y, me puse a elevar la voz. Ya sabes, se dice que donde hay confianza da asco.

De repente cruzan por delante de nosotros dos coches que llevábamos muy por delante, era la confirmación de que estábamos perdidos y exploté. “¿Y ahora qué? ¿Ahora qué hago? ¿Acelero, freno? Porque no tengo ni idea de lo que tengo que hacer, no sabemos dónde estamos y acaban de pasar por delante de nuestras narices dos coches que deberían ir muy por delante de nosotros.” Todo esto aderezado debidamente con un tono desagradable y algunos tacos.

Ya nos habían avisado que era fácil discutir, pero muy mal por mi parte, me pasé tres pueblos y creo que no le pedí perdón hasta muchas horas después. De hecho luego me sentí muy mal y tomé la decisión de no repetir esa situación pasase lo que pasase, que no nos jugábamos nada y el objetivo era pasarlo bien, no enfadarnos y pasar malos ratos. Y lo peor es que poco después conseguimos localizarnos y resulta que los que verdaderamente se habían perdido eran los otros coches y no nosotros… Tela marinera.

Pero seguíamos haciendo algo mal y no sabíamos qué era, así que el mosqueo era doble, se juntaba la bronca con el hecho de que la seguíamos liando intermitentemente. Hasta que casi al final de la etapa lo vi. En un apoyo fuerte en una curva larga de izquierdas el velocímetro digital se puso momentáneamente a cero. ¿Un fallo puntual? Empecé a probar y a forzar los apoyos para un lado y para otro en busca del fallo.

Se agradece que la familia y los amigos vengan a apoyarte
Se agradece que la familia y los amigos vengan a apoyarte

Ahí estaba, cuando la suspensión del lado derecho se comprimía mucho dejaba de marcar, por eso nos restaba unas veces más, otras menos y otras ninguna. Nos había vuelto locos, había provocado que creyésemos estar perdidos y, lo peor de todo, habíamos tenido la peor bronca de nuestra vida.

Llegamos a Madrid, desconecté la sonda derecha, conecté la izquierda que llevábamos de repuesto, comprobé el funcionamiento en el final del tramo de enlace y todo perfecto otra vez. Nos fuimos a comer en un ambiente enrarecido y el clima fue mejorando hasta que llegamos a Las Ventas y la familia vino a vernos. El subidón eclipsó el mal rollo que nos quedaba, así que con mucho más ánimo y tras informarnos que habíamos vuelto a terminar en la posición 21 a pesar de haber penalizado poco (7, 16 y 35 puntos en cada cronometrado), fuimos a lavar los bajos del coche y a reparar la avería de la barra estabilizadora.

Etapa 5: Madrid-Linares, empezamos a controlar

Madrugón de los que hacen época porque la etapa comenzaba en Ontígola, cerca del hotel pero muy lejos de nuestras casas. Además arrancaba pronto porque era muy larga… llana, recta y en algunos casos aburrida, porque después de haber dormido muy poco los llanos de La Mancha se hacían interminables en algunos momentos.

Fue una etapa fácil con tres tramos cronometrados y una especial en el circuito de Consuegra. En esta ocasión no la liamos aunque no clavamos el tiempo y penalizamos un punto. Los tramos cronometrados eran sencillos y, salvo en el primero, que sumamos 19 puntos de penalización porque el barro no nos dejó mantener la media de 30 km/h marcada, en los otros dos registramos sólo cuatro y ocho puntos. Esto nos llevó a llegar a Linares en el octavo puesto de la etapa, a rondar el Top 10 en la general y a cenar muy a gusto y contentos en una terracita de Linares.

El Renault 4 al estilo Dakar, con helicóptero de televisión y todo
El Renault 4 al estilo Dakar, con helicóptero de televisión y todo

Etapa 6: Linares-Almería, la confirmación

El jueves poníamos rumbo a la costa, hacia Almería. Fue la etapa en la que confirmamos que, si no nos pasaba nada, éramos capaces de clasificar en las etapas dentro de los diez primeros, lo que nos podía llevar a estar en el Top 5 de la general. Para celebrarlo el escape del R4 decidió soltarse sobre la marcha y arrastrar por el suelo, pero lo hizo en el momento justo, en un tramo de enlace y tras una tormenta. Así que pudimos reparar sin perder tiempo y sin mojarnos.

La organización tuvo que modificar el final del recorrido unas semanas antes del comienzo del raid, por lo que sólo tuvimos un par de tramos cronometrados en los que penalizamos únicamente diez puntos en cada uno. El primero de ellos discurría por una antigua vía de tren, un recorrido precioso en el que cruzamos muchos túneles y nos permitió ver paisajes que no es normal ver desde un coche. Bueno, la verdad es que esto se puede generalizar a todas las etapas, porque es uno de los alicientes de este raid.

El cambio paisajístico fue muy notable en esta etapa en la que empezamos entre olivos y acabamos rodando por el desierto de Almería además de someter a un duro esfuerzo a los frenos de nuestros coches bajando el puerto de Velefique. A los frenos y a los brazos de muchos conductores, porque en algunos casos las continuas horquillas acababan amontonándose en coches sin servodirección.

Y aquí tenemos a nuestro R4 acogiendo al concejal de deportes de Almería:

Sextos de etapa y dentro de los diez primeros de la general. La verdad es que metidos en la lucha no le dábamos la relevancia que se merecía y era cenando cuando nos parábamos a pensar que en principio sólo teníamos como objetivo terminar sin problemas. Alucinábamos.

Etapa 7: Almería-Granada, la liamos parda

Claro, no todo podía ser tan bonito y tras unas etapas sin problemas la séptima y penúltima etapa iba a ponernos los pies en la tierra de nuevo. No lo he dicho, pero el esfuerzo al que estábamos sometiendo a la peculiar suspensión por barras de torsión del Renault 4 -acentuado por el día y medio que rodó sin estabilizadora- hacía que el eje delantero se fuese hundiendo y cada vez estuviese más bajo.

Esto condicionaba la conducción, teníamos que ir apuntando con precisión de francotirador para no golpear los bajos, lo que dificultaba todavía más algunos puntos de los tramos cronometrados.
El día no tuvo desperdicio, primero en un giro cerrado a izquierdas hundió tanto de parte derecha que la rueda enganchó la aleta y arrancó el anclaje inferior de ésta. Tuvimos mucha suerte porque no se rompió nada y ni siquiera se abolló la aleta.

El paso de los kilómetros empezaba a dejar huella. Las averías se sumaban por decenas pero nuestro R4 estaba portándose como un campeón y sólo pequeñas tonterías que solucionamos sobre la marcha. Pero en esta etapa parece que se juntaron todas. No sólo la anécdota de la aleta, también resultó ser una etapa con muchísimos desniveles y el electroventilador decidió dejar de funcionar sin avisar.

Sí parece que se hundía un poco la parte delantera ¿no?
Sí parece que se hundía un poco la parte delantera ¿no?

Localizamos el fallo a tiempo, pero nos tocó subir un enorme puerto de montaña sin electro para llegar al siguiente cronometrado a tiempo. Por suerte la temperatura era baja y el R4 cumplió con nota con mi padre al volante. Pero hay más, al ir tan bajo de delante cerca del final de etapa la rueda delantera izquierda empezó a tocar el silencioso cuando se hundía la suspensión y derretía el interior de la banda de rodadura del neumático.

Y para colmo no iba fina la calibración del Rabbit. No sabemos si por los bruscos cambios de altura o por la gran cantidad de horquillas, pero el caso es que llegábamos un poco antes a las referencias de lo que nos marcaba. Esto empezó a intranquilizarnos porque además, entre referencia y referencia, había mucha distancia en algunos puntos. Nos la jugábamos a sólo dos tramos cronometrados y queríamos hacer las cosas bien para afianzar un buen resultado.

Así las cosas en el primer cronometrado la montamos gorda. Íbamos discutiendo (de buen rollo, no queríamos saber nada de enfados) por un segundo aproximadamente de penalización debido a ese desfase que teníamos en la calibración, cuando le dije a mi padre: “atento al siguiente cruce, márcalo bien que la siguiente referencia está muy lejos y así no acumulamos tanto desfase. Mira, ahí está. Dale… dale… ¡Ahora!”.

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No sé si se quedó mirando a un paisano que había por allí o qué pasó, el caso es que no vio el cruce, no lo marcó y encima bloqueó el sistema. “Ahora ya no sé qué he tocado que no puedo quitarlo”, me dijo. Me aceleré, miré la tablet, toqué un par de botones para solucionarlo y seguimos como si nada. Todo bien… salvo que en el proceso habíamos pasado un cruce que ninguno habíamos visto por mirar el rutómetro y estábamos alejándonos de la ruta.

– “Papá, nos hemos perdido”.
– “No, no, tú tira”.
“Que no papá, que yo creo que esto no puede ser, ¿qué es esa cruz que pone en ese comentario?”.
“Una iglesia”.
“¿Una iglesia en 50 metros en medio de la nada?”

Esto lo decía mientras daba la vuelta y mi padre todavía me decía “que no, que no”. Me moría de risa, vaya dos cabezotas nos habíamos juntado.

Por mitad del Parque Natural de Sierra Nevada
Por mitad del Parque Natural de Sierra Nevada

El R4 empezó a correr de verdad, llegamos al cruce justo cuando pasaba un participante que iba bastantes coches por detrás. Entramos en tramo con seis minutos y medio de retraso y comenzamos una bajada preciosa pero muy tensa para el copiloto. Los compañeros se portaron genial facilitándonos los adelantamientos para recuperar el tiempo perdido, los íbamos avisando desde lejos con el pito porque en los cronometrados lo normal era ir concentrado en tu media ya que nadie te adelantaba si todo iba bien.

Alcanzamos el tiempo antes de finalizar el tramo, pero mi padre tardó un buen rato en recuperar el color y el habla. No fue suficiente, ni la carrerita ni hacer un segundo tramo cronometrado casi perfecto. Acabamos en el puesto 61, lo que nos llevó al puesto 13 de la general si no recuerdo mal. Terrible, pero nos lo tomamos bien. Arreglamos lo del silencioso y nos fuimos a tomar unas merecidas cervezas en la playa con los compañeros de raid.

Etapa 8: Granada-Sevilla, final feliz

Última etapa con la posibilidad de hacerlo bien y colarnos entre los diez primeros de la general, al menos así pensaba tras mucho rato estudiando la clasificación y los puntos que se asignaban en cada etapa. Terminar el raid en décima posición estaba al alcance de nuestra mano, sólo teníamos que hacerlo como en etapas anteriores, sin fallos y que el coche aguantase como había hecho hasta ahora.

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Salida desde la Playa de La Herradura

Salimos desde la misma arena de la Playa de la Herradura y enfilamos hacia Sevilla, final del raid. Sobre el papel no debía ser una jornada difícil, aunque sí con muy bonitos paisajes. Pero no fue así. Salimos de Granada por asfalto y a buen ritmo por si acaso, no queríamos sustos y que se nos echase el tiempo encima. La noche anterior me estudié el rutómetro y no tenía nada claro que se pudiese llegar holgadamente a la salida del primer tramo cronometrado.

Y así fue. Nos tocó correr un poco y nos lo pasamos como enanos. Nos juntamos con dos coches más, un SEAT 131 Supermirafiori 1600TC y un AX 1.4 de 75 CV. Claramente el pobre 4 Latas iba dándolo todo para poder seguirlos, sobre todo en las enormes subidas llenas de paellas que nos tocó negociar.

Y ahí fue cuando la calculadora empezó a trabajar. “Si nosotros vamos así saliendo de los primeros, los demás con más tráfico no llegan de ninguna manera”. Si no había problemas la cosa pintaba bien, no íbamos a llegar a tiempo al primer cronometrado pero la mayoría iban a penalizar más que nosotros, mucho más porque cada segundo era un punto de penalización.

Pero cuando estábamos llegando a la salida del tramo cronometrado un whatsapp de la organización nos avisaba de que se retrasaba la salida, lo cual ponía el marcador a cero de nuevo. Arrancamos el primer cronometrado de 18 kilómetros y lo hacemos bien, 12 puntos de penalización, séptimos empatados con otro coche.

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Nuevo tramo de enlace y llegamos al segundo cronometrado, el último de la etapa, el último del raid y el más difícil, porque la organización nos avisó en el briefing que habría trampas. El tramo discurría por unas vías de tren que nunca llegaron a terminar de construirse, están los túneles, los puentes, las vallas, la grava… pero no están los raíles. Pues por ahí discurría la caravana de coches clásicos intentando mantener una media de 49 Km/h. Fácil en principio, pero la ruta nos sacaba de la zona de vías a los caminos de servicio para volver a meternos en la parte central varias veces y resulta que las puertas de entrada y salida eran bastante estrechas, no se podían pasar a 49 Km/h.

Y luego estaba la trampa, que no era otra cosa que un cambio de media en un punto sin ningún tipo de referencia, es decir, o llegabas clavado de kilometraje o la liabas. Además en los puentes había unos escalones que, o frenabas, o dejabas allí de recuerdo el cárter.

Un tramo fácil en principio pero que luego se complicó un poco. Eso sí, después de la descarga de adrenalina del primer enlace hubo más de una docena de bostezos en el habitáculo del R4. Un peligro porque te relajabas y te podías pasar una puerta o un cambio de media. Como hicimos nosotros, que nos pasamos la primera puerta y dimos una marcha atrás de las de concurso.

Acabamos el tramo cronometrado, las cartas estaban echadas, sólo quedaba llegar a la Plaza de España de Sevilla pero la fuerte lluvia no nos permitió hacer el último tramo por campo y tuvimos que hacerlo por asfalto.

Un auténtico espectáculo ver en esa bonita plaza más de cien coches clásicos perfectamente aparcados. Estábamos cansados, pero también muy contentos por haber llegado hasta allí. Ya nos daba igual si habíamos conseguido esa décima plaza en la general que buscábamos. Total, al principio sólo queríamos acabar y habíamos sido capaces de cruzar España por caminos de tierra sin averías relevantes y habíamos disfrutado como niños. Fotos, muchas fotos, vídeos, felicitaciones entre los participantes, abrazos, emociones padre-hijo y alguna lagrimita furtiva que se escapó por ahí.

Totalmente eufóricos por la experiencia vivida y haber conseguido llegar a Sevilla
Totalmente eufóricos por la experiencia vivida y haber conseguido llegar a Sevilla

Atrás quedaban meses de preparación del coche, muchos nervios, cansancio, enfados, risas, gritos de alegría y de desesperación, mucho polvo, noches durmiendo muy poco, reparaciones propias y de otros participantes a los que ayudamos, piques, chistes, camareros lentos, repostajes a lo Fórmula 1, días sin comer, duchas más que deseadas, muchas muchas horas en el coche y 2.100 kilómetros, la mayoría por caminos de tierra con nuestro gran Renault 4 ex-Telefónica con casi 200.000 kilómetros en su marcador y 27 añitos.

Era el momento de tomar una cerveza con los amigos, cenar todos juntos, recibir los premios y contar las aventuras y desventuras de una semana larga que recordaremos toda la vida.

De vuelta a casa lloviendo y usando lo mínimo el maltrecho limpiaparabrisas
De vuelta a casa lloviendo y usando lo mínimo el maltrecho limpiaparabrisas

Ah, por cierto, la última etapa acabamos en sexta posición, lo que nos llevó a terminar el raid en el octavo puesto. Octavos entre más de cien coches siendo totalmente novatos y sin haber entrenado. En el camino de vuelta a casa desde Sevilla todavía no nos lo creíamos, de hecho mi padre me llamó varios días después al trabajo sólo para decirme que todavía le duraba la emoción… ¡Y a mí también!

Nos vemos en marzo, en el Spain Classic Raid III.

Agradecimientos a:
Goodyear
Sava
Rabbit
Infova
TomTom

Fotos: Spain Classic Raid II desde nuestro Renault 4

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Sobre Iván Solera

Con menos de tres años ya se sabía todos los coches que había por la calle, su sueño era ser piloto o probador y acabó logrando el segundo de ellos. Probador de espíritu racing, disfruta de cada coche que conduce como si fuese el primero.

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